Tengo una amiga (si panita, te considero mi amiga), la cual nunca he visto y con quien solo he intercambiado e-mails, pero que también conocí a través de esto de los blogs, que se hace llamar: La “Monja-Guerrillera”. Al principio su nick me sonó católico-romano-apóstolico-eclesiástico mezclado con cierto sabor a los sacerdotes revolucionarios que aparecieron en Sur y Centro América en el tiempo de las tiranías y las tomas militares de poder (si acaso se acabo ese tiempo). ¡En serio! Me dije: “¡Hmmm! ¿monjaguerrillera? Me suena a una jeva que del convento escribe para liberar al opreso y explotado trabajador latinoamericano desde el mundo espiritual. Bonita forma de hacer revolución.
La cosa es que ella no es nada de eso, y también que no es de ella que quiero hablar, sino de algo que me recordó.
Para los que son estudiosos del fenómeno del “postmodernismo”, época en la que, aunque no lo queramos admitir, estamos; conocen que el mundo en que vivimos tiene una tendencia más espiritual. Y por espiritual no quiero decir cristiano, sino cualquier cosa (y esto incluye el cristianismo) que desarrolle el espíritu. By the way, hoy traicioné mis principios bebiendo Pepsi, lo cual es algo no muy espiritual y cuando digo espiritual no me refiero a cristiano. En fin, esta tendencia es bien apreciada en los artistas y sus religiones, que no se sabe si son trucos publicitarios, y lamentablemente también es un fenómeno más inclinado a lo oriental.
También está muy de moda lo revolucionario. Camisetas del Che Guevara se ven por donde sea, en cualquier parte del mundo, incluyendo al musulmán, donde no sé si tienen la menor idea de quien será. Se ha convertido en un ícono de la juventud aunque, como los musulmanes tampoco tengan la menor idea quién fue el tipo. Si la familia del Che cobrará un centavo de la moneda más barata del mundo por cada pieza que se vende con el ícono de su pariente, serían la familia más rica del mundo y centrarían el mundo petrolero árabe en la zona patagónica Argentina, bueno, no precisamente, la vaina es que tuviesen mucho dinero.
Pero dentro de la moda se aprecia un auténtico deseo por el cambio en los jóvenes (hablo dentro del contexto en el que vivo, que es el contexto latinoamericano). En las pasadas elecciones presidenciales de mi país, República Dominicana, se notó la influencia de estas ideas revolucionarias, no desde el punto de vista comunista o socialista o lo que sea, sino cuando un grupazo de jóvenes se tornó a las calles expresando querer un cambio por el país.
Hace algunas semanas una de las jóvenes de la iglesia donde sirvo (El Círculo Juvenil), me preguntó como se hacía una posición legal de protesta ante el Senado de la Nación, a lo cual excedí explicándole. Su protesta iba a ser en contra de una isla artificial que iba ser puesta en frente del malecón de la ciudad, quitando la vistosa naturalidad al entorno. Gracias a Dios, este asunto de la isla no prosperó. ¡Viva la revolución!
Estas dos tendencias: la espiritual y la revolucionaria, son las más populares actualmente. O eres espiritual o eres revolucionario. Y creo que esto ha sido así siempre.
¿Por qué no conciliar las dos cosas?
La tendencia durante toda la historia ha sido la siguiente:
Espiritual: Iniciando con tiempos remotos y cercanos a la Edad Media donde gente que quería vivir una vida que le agrada a Dios (i.e. Monjes) se internaban en monasterios donde pasaban su vida orando. No muy lejos de esta realidad, los cristianos actuales se apartan del “mundo” para poder tener a cientos de años luz de distancia y lejanía todas las tentaciones habidas y por haber que te ofrece para complacer los apetitos de la carne.
Revolucionario: Los revolucionarios pretenden cambiar al mundo con doctrinas sociales y de comuna, que ayuden a los hombres a vivir de una forma más digna. Una muy conocida: la Revolución Francesa; una muy cercana: la Revolución Marxista-Leninista y las pequeñas revoluciones comunistas en diferentes países del mundo. Sus filosofías de trabajo incluyen (lamentablemente, y por eso el pueblo no los entiende): el maltrato de campesinos en Colombia o llamar la atención con bombas en las que mueren muchísimas personas. La revolución siempre se alejó de aquello espiritual, pues ¿qué puede ofrecer una persona como solución a los problemas actuales del mundo si está encerrada para alejarse de lo que es la vida real?
Una cosa opuesta a la otra, por motivos sinceros y egoístas. Pero ambas cosas fallan en la práctica.
(continuará)