viernes, junio 25, 2010

73- LIMPIANDO MIERDA (DIA 10)

Advertencia: El post que estás a punto de leer tiene
un alto contenido de materia fecal.

Los últimos días he estado contemplando, y contemplando a Dios mientras cambio los pañales de mi hijo. Porque, para principiantes, los primeros días de un bebé la diversión está en la leche, la dormidera y la caca. ¡Es lo único que hacen! Y llevan a los padres a través de ese ciclo que parece interminable (sinceramente me encantaría una vida donde eso fuese lo único que tuviera que hacer).

Mientras cambio los pañales y veo la increíble cantidad de mierda que un pequeño bebé produce, me doy cuenta que no me enoja que se haga en si mismo, que quizás me enojaría cuando tenga dos años y todavía lo haga, pero ahora me divierto viendo como cambia el color de su caca de negro a verde, de verde a un poco más amarillo, y sirviendo a mi hijo: cambiándolo, sacándole los gasecitos después que Noelia le da la leche, tratando de que esté bien y seguro, mientras está indefenso.

Contemplando eso, pienso. Pienso en toda la mierda que Dios me ha aguantado, en todas las veces que me he cagado encima aún después de grande, y en todo el cuidado que Dios me ha dado a pesar de ya "no necesitar ser tan atendido." También me doy cuenta que Dios tiene más hijos, esa gente de las que uno dice "¿cómo Dios les aguanta tanta mierda?" Lo que me hace pensar que debo ser más compasivo, tener más misericordia de otros. Y al final, al final me pregunto: "¿hasta cuando Señor usaremos pampers?" Dios riéndose dice: "Hasta que empecemos a usar Huggies™"

A pesar del increíble sentido del humor que Dios tiene, cagarse encima no debe ser para siempre. Pero es precisamente cuando uno se da cuenta que se ha estado haciendo en uno mismo, que decide empezar a ir al baño. Dios nos sostenga hasta que nos demos cuenta.

2 comentarios:

Rougek dijo...

Totalmente de acuerdo, Fausto. Aunque Dios está siempre dispuesto a limpiarnos la mierda que hacemos en todos los aspectos, él espera que realmente nos cansemos de ese estado "mierdoso" de vivir. Cuando uno se acostumbra es lo peor, ya ni el olor molesta...y de ahí en adelante todo lo que uno pueda imaginar... que no nos acostumbremos, esa sería realmente mi petición a Dios.

Fausto Liriano dijo...

Mersmamente Rougek! Es bueno entrar en una limpieza de nuestras cloacas y darnos cuenta que usamos pampers, esa es la diferencia entre adulto y niño, porque en el Reino uno sigue el camino de Benjamin Button: va de adulto a niño y mientras más niño más adulto en asuntos del Reino...
Bendiciones!