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martes, enero 11, 2022

Solo Piedras (DevosEnOriginales 07)


 «καὶ μὴ δόξητε λέγειν ἐν ἑαυτοῖς· πατέρα ἔχομεν τὸν Ἀβραάμ. λέγω γὰρ ὑμῖν ὅτι δύναται ὁ θεὸς ἐκ τῶν λίθων τούτων ἐγεῖραι τέκνα τῷ Ἀβραάμ.»
Mateo 3:9


Este versículo tiene un juego de palabras interesante en hebreo:

וְאַל תַּחְשְׁבוּ בִּלְבַבְכֶם לֵאמֹר, 'אַבְרָהָם הוּא אָבִינוּ',
כִּי אֲנִי אוֹמֵר לָכֶם שֶׁמִּן הָאֲבָנִים הָאֵלֶּה יָכוֹל אֱלֹהִים לְהָקִים בָּנִים לְאַבְרָהָם


Piedras (אֲבָנִים, avanim) tiene un sonido muy similar a hijos (בָּנִים, banim), y ambas un sonido cercano a “nuestro padre” (אָבִינוּ, avino). Los fariseos y los saduceos se enorgullecían de su tradición religiosa, y más que eso, de ser ‘elegidos’ por ser descendientes de Abraham, lo que entendían le daba una entrada segura al regazo de Dios. Jesús tuvo su encuentro con gente que entendía que al ser ‘hijos de Abraham’ su libertad estaba asegurada, aparentemente el Apóstol Pablo tuvo también su encuentro con estos individuos, y en Gálatas dice: “ινώσκετε ἄρα ὅτι οἱ ἐκ πίστεως, οὗτοι υἱοί εἰσιν Ἀβραάμ.”; acentuando en el aspecto ‘fe’ como lo que hace que alguien sea de la misma estirpe de Abraham.

Muchos hoy se enorgullecen de su denominación, su tradición, su correcta interpretación bíblica, también de que son “elegidos”, o se visten de tal manera o guardan no se que cosa, como formas que no solo lo distinguen de los demás, sino que también les da su entrada segura al regazo de Dios. Pero no hay fruto de arrepentimiento en sus vidas, tampoco la evidencia de que viven humillados bajo el que hizo por nosotros lo que nosotros no podíamos hacer por nosotros mismos: salvarnos. Pues solo en Jesús recibimos el regalo que no merecemos de “ser hijos”.

No es por categorías, es por gracia. Y es en respuesta a ese gran amor que amamos y si amamos obedecemos, es muy difícil obedecer con una mente y corazón que no se ha arrepentido.

Haz tus cosas bien.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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jueves, enero 06, 2022

Constructores de Altares (DevosEnOriginales 04)


וַיֵּרָ֤א יְהוָה֙ אֶל־אַבְרָ֔ם וַיֹּ֕אמֶר לְזַ֨רְעֲךָ֔ אֶתֵּ֖ן אֶת־הָאָ֣רֶץ הַזֹּ֑את וַיִּ֤בֶן שָׁם֙ מִזְבֵּ֔חַ לַיהוָ֖ה הַנִּרְאֶ֥ה אֵלָֽיו׃ וַיַּעְתֵּ֨ק מִשָּׁ֜ם הָהָ֗רָה מִקֶּ֛דֶם לְבֵֽית־אֵ֖ל וַיֵּ֣ט אָהֳלֹ֑ה בֵּֽית־אֵ֤ל מִיָּם֙ וְהָעַ֣י מִקֶּ֔דֶם
 וַיִּֽבֶן־שָׁ֤ם מִזְבֵּ֙חַ֙ לַֽיהוָ֔ה וַיִּקְרָ֖א בְּשֵׁ֥ם יְהוָֽה׃
Génesis 12:7-8

Siempre me ha fascinado el hecho de que Abram (que luego se llamará Abraham), en su recorrido por la tierra en la que divagaba, construía un altar en donde quiera que se establecía y allí adoraba a Dios. Esos altares también se convertían en puntos de referencia y en espacios sagrados, de modo que, cuando regresaba a un lugar allí mismo adoraba. Estamos hablando de tiempos en donde, aunque había vestigios primarios de religión organizada, no era la norma, así que cada jefe de familia se transformaba en el “sacerdote” directo para él y para su familia


Aunque nosotros disfrutamos de espacios en donde podemos adorar a Dios con otros creyentes, conversar su Palabra, y ser guiados por hermanos que fungen como pastores o sacerdotes, la realidad es que pasamos más tiempo fuera de esos espacios que dentro y las distracciones en la “tierra por la que divagamos” son mayores que en cualquier punto de la historia y atentan con la conexión continua que debemos tener con Dios (“permanencia” como le llama Jesús en Juan 15.7: «ἐὰν μείνητε ἐν ἐμοὶ καὶ τὰ ῥήματά μου ἐν ὑμῖν μείνῃ, ὃ ἐὰν θέλητε αἰτήσασθε καὶ γενήσεται ὑμῖν»). 


Te propongo algo: ¿Por qué no nos convertimos en “constructores de altares”? A ver… no altares físicos, ni construcciones elaboradas en donde “habite la Presencia De Dios”, no. Es que, sabiendo que Dios está en todas partes, ¿por qué no apartamos espacios en cada lugar a donde vamos en donde podamos “invocar su nombre” (como en Génesis 13:4 «וַיִּקְרָ֥א בְּשֵׁ֥ם יְהוָֽה׃»)? 


Suena a “¡qué loco!”, pero es lo más normal que debemos hacer.


Algunas palabras que no se incluyen en el vocabulario básico del hebreo bíblico:

- "Avanzar": עָתֵק

- "Oriente, este, en frente": קֶ֫דֶם

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martes, junio 18, 2013

¿Ordinario?

Ok. Creo que en cuanto al uso de la palabra "ordinario" se refiere, tenemos que aclarar algunas cosas. Sí, porque este show de "¿cuántos quieren vivir vidas extraordinarias?" y "¡amén!", me tiene haciéndome algunas preguntas. ¿No será que lo que consideramos o llamamos "ordinario" es "aburrimiento"? Lo pregunto porque, si te pones a pensar bien, vas a tener que lidiar con cosas ordinarias a diario: cepillarte los dientes, bregar con carros públicos y taxis, " 'ción mami" (para los no-dominicanos esto no es "El Monte de Sión es Mi Mami", de hecho es con "C"), estudiar, trabajar, aguantar al jefe (que es otro trabajo) y encima de eso: profesores que han salido de ultra-tumba y cuya misión es embromarte la vida, no que aprendas. Una prueba, sí.

Esas cosas, las ordinarias, siempre las tendremos entre nosotros. Encima de eso la decepción al darnos cuenta que, después de una oración por lo "extraordinario", seguimos en el mismo ciclo (yo lo llamo "loop" porque se oye más cool... jejejejeje!) le agrega un malestar mayor a nuestras vidas. Yo creo que lo extraordinario es poder vivir en lo ordinario como que uno vive para Dios. Vidas nuevas, que iluminan. Gente con los ojos abiertos al Reino, a la obra del Altísimo, conscientes de Dios y su obra aquí y ahora. Eso es extraordinario. Pero para eso hay que probar que podemos ser fieles en lo ordinario. Vencer el "aburrimiento".

Jesús pasó 30 años (solo para poner un ejemplo, digo) haciendo las cosas ordinarias que todo ser humano hacía, antes de salir y cambiar el curso de la historia para siempre. Ya he dicho antes que Abraham, el padre de la fe (así le llaman), no hizo nada que pudiésemos considerar extraordinario, más que creer a Dios mientras hacia lo ordinario de cada día: cuidar sus vacas, ocuparse de sus empleados, hacer sus tiendas, dar de comer a los camellos, etc. Ahora: Dios hizo algo extraordinario con él y Sara. En medio de ser fieles en lo ordinario es que nos damos cuenta que lo extraordinario es que Dios nos ame a pesar de lo ordinario que somos ¿qué hay de especial en mi? ¡Nada! Sin embargo: a veces Dios trabaja a través de mi, ¿por qué lo hace? ¿por qué pasé a ser "extraordinario"? ¡No! Sino porque extraordinariamente El me ama a pesar de lo ordinario que soy. Lo extraordinario no es un escape de lo ordinario, sino una comprensión de la extraordinaria Presencia de Dios dentro de cosas simples y ordinarias.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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