Nota: Como una advertencia al lector esto ni lo edite ni lo revise, estaba muy ocupado oyendo
a Larry Norman, y... y... y... que se yo...
En una entrevista en Venezuela, Fito Páez expresó:
“… que percibe una cierta “ausencia de espíritu” en las nuevas generaciones de jóvenes que se quieren dedicar a la música, porque algunos parecen más preocupados por “ser famosos” que por “ser diferentes”.Páez dijo que en los años 70 y 80, cuando su generación “hacía música”, querían “ser diferentes y ahora los chicos, la sensación que dan es que quieren ser famosos”.Señaló que querer destacarse “es parte de la condición humana”, pero criticó que hay “una ausencia de espíritu, y eso se nota en los pibes”. Hoy, leyendo un artículo de
Anne Lamott (ella está entre mis autores cristianos favoritos), me encuentro con algo parecido que dijo hace 12 años. Mientras preparaba una conferencia para animar a jóvenes escritores se dio cuenta que:
“He estado enseñando por docenas de años y me he dado cuenta que pocos estudiantes quieren escribir. Quieren que sus trabajos sean publicados, quieren ser famosos. Pero no quieren escribir.”La cuestión es que esto no es muy diferente a lo que pasa entre nosotros, es un síndrome, un síndrome que afecta hasta los cristianos. No solo está en la música y en la escritura, sino también está en los que predican, en los que enseñan la Palabra, en los que hacen cualquier cosa que una vez se hacía para el servicio de la Iglesia. Buscamos éxito más que enseñar, más que adorar, más que escribir, más que predicar. Hemos dejado de ser peligrosos, no es que lo tengamos que ser, pero si eres peligroso no vendes y todos sabemos que quién más vende en volumen es porque vende más barato.
Esto era lo que iba a escribir aquí pero me arrepentí: “Así que nuestra música cristiana es barata, poca calidad, letras… nuestros libros: aunque hay muy buenos la mayoría se hacen con un solo objetivo: VENDER. Nuestros mensajes: automotivacionales, como diciéndole a la gente: ‘Pues carajo tú eres tu Dios has lo que tienes que hacer y se feliz…’ ” (AY! COMO SEA LO ESCRIBI), quizás sea muy peligroso decirlo y puede ser que alguien por ahí no vuelva a mi blog o que tenga que responder algunos comentarios “incómodos”; quizás me digan: “Pero, ¿por qué no escribes tú un libro? ¿o por qué no grabas un cd? ¿por qué no predicas (eeeeeeh… es lo que hago, en balbuceos, pero lo hago)?”
Confesión: y me ha pasado, he querido hacer cosas para leerse, para escucharse, para recibir algo de alguien… de vez en cuando me he prostituido, y por eso he adulterado las cosas, pero no quiero eso en mi vida, a veces y solo a veces quiero ser famoso. ¿a quién no le gusta esa vaina, aunque luego quieras suicidarte porque no puedes ir ni al supermercado sin que 12 personas te intervengan y te tome 30 minutos tus tres pasos al vinagre (¡solo quiero comprar… vinagreeeeee!)?
Hay algo notable y es que esta gente famosa y cristiana alcanza a otros, así que puede ser que no sea tan malo, y están llegando a gente que probablemente no le llegaríamos (Filipenses 1:15-18). Para ellos (sin hipocresía ni sarcasmo: mi oración y probablemente mi aplauso). El problema está en que nuestros futuros postulantes al ministerio creen que es la única forma de llegar, y se convierte en su fin, sus sueños son más sueños de grandeza que las visiones que Joel dijo que un día tendríamos. Así, poco a poco, se extingue una raza de gente que decía lo que tenía que decir, que andaba desnudo por años en el primer acto de pantomima cristiana tratando de que entendieran una verdad, o con un yugo en el cuello o delante de todos colgado desnudo en una cruz, o perdonando mujeres adulteras, o creando comunidades de gente unida y que se ama (y todo esto lo hacían de gratis).
Dejemos que preserven los pandas, las tilapias de Cochinchina y los osos pardos de España. Nosotros preservémoslos, están en extinción: CRISTIANOS PELIGROSOS.