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lunes, septiembre 27, 2010

157- IMPRESIONADOS POR EL UNIVERSO

El universo es simplemente abrumador. No sólo por todo lo que contiene sino por todo lo que desconocemos de él. No importa cuán confiados se sientan los científicos en cuanto a su conocimiento de este, ellos deben de admitir que tan importante como lo que creen saber ahora es todo lo que falta por saber. Para nosotros los cristianos, más que por conocimiento científico, observamos el universo con sorpresa, como algo misterioso e inmenso, pero también procuramos ver en las pequeñas y grandes cosas de este (la mayoría solo podemos ver a “ojo pela´o” algunas estrellas, el sol, la luna) como Dios se mueve y como… Dios nos habla.

En “The Heavens Proclaim His Glory” (“Los Cielos Cuentan Su Gloria”), la autora Lisa Stilwell nos lleva de la mano a través de imágenes que no podemos ver por “ojo pela´o”, increíbles fotografías tomadas por el telescopio Hubble de planetas, constelaciones, o sucesos únicos en la actividad del inmenso universo en qué vivimos, acompañadas de reflexiones bíblicas o de conocidos autores cristianos y de su respectiva explicación. Es educativo pero inspirador. Algunas de las imágenes son tan impresionantes que te verás pasando páginas tras páginas sin prestarle atención a las palabras, pero maravillados de que Dios nos ha puesto aquí y que de alguna forma hacemos sentido con esto. Lo súper recomiendo, especialmente a los “freaks” de la astronomía y las locuras del espacio.

lunes, septiembre 06, 2010

144- EXTASIADOS


En la sala de mi casa tenemos un ventanal grande de ventanas que nunca abrimos. Sobre ellas unas cortinas sencillas: rayas, cremas y azules; nada fuera de lo común. Benjamín, Benjamín a veces está incómodo, no se conforma con estar sentado o acostado, así que quiere caminar, y como no camina, camina sobre papá, más bien yo camino mientras él observa. Y si no puedo salir, caminamos (él sobre mi) alrededor de la sala donde está el ventanal que nunca abrimos con las cortinas de rayas, azules y crema. Cada vez que nos paramos frente a las cortinas, se queda ¡extasiado! Como si las mirase por primera vez. Día tras día, desde que puede enfocar y ver bien. Las mira, las explora, las contempla, luego mira al suelo, medita, piensa y vuelve: las mira, las explora, las contempla. Si fuese por él (y si mis pies pudiesen aguantar) duraríamos horas frente a las cortinas. ¿Por qué? Son simples cortinas de rayas, azules y cremas, de ventanas (más bien puertas) que nunca abrimos, por donde nadie sale ni entra. Pero sí: las mira, las explora, las contempla, como si fuese la primera vez, como si fuesen nuevas.

Ayer me preguntaba: ¿qué pasaría si cada día mirásemos a Dios así? Como si nunca lo terminásemos de entender, como si no nos cerrara totalmente, como un misterio que solo podemos decifrar en parte (y estamos contentos con eso), y nos parásemos frente a El diariamente, como si fuera la priemra vez: mirarlo, explorarlo, contemplarlo, una y otra vez, y que nos quedásemos ahí, si se pudiera, si nuestros pies lo permitieran. Pero no es lo que queremos de Dios, ¿verdad? Queremos entenderlo, decifrarlo; no que eso sea malo, ¡buenísimo! pero cuando lo deciframos como que se pierde... el misterio, lo hermoso. Porque ya figuramos cómo es Dios (¡qué arrogancia!).

Es lo que los científicos no quieren admitir del universo, ¡no lo entienden! Están siempre asombrados de que no lo han decifrado, cada cierta cantidad de años (o meses) tienen que contradecir sus propias teorías, pero nos quieren hacer entender que lo entienden y que en ese entendimiento ya probaron también que no existe Dios. Como la cuestión con Stephen Hawkins (que ya lleva varios años pensando así) pero había que buscar una buena forma de mercadear el libro para que sea un bestseller desde que salga. Si el señor Hawkins es sincero, tiene que admitir que: hemos avanzado (porque hemos avanzado en nuestro entendimiento de el universo) pero que nos falta muchísimo que aprender, por ende: no podemos concluir nada, ni sobre el universo ni sobre la participación de Dios en eso, por lo menos no desde la mera observación.

Pero bueno, dejo a los científicos a un lado, a los que van a comprar el libro de otro, y busco la forma de ver a Dios, cada día, como Benjamín ve esa cortina. By the way, creo que ya es tiempo de comprar otra....