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viernes, marzo 13, 2020

A MIS HERMANOS EN CRISTO


Mirando las relativamente tranquilas aguas del río Paramaribo (¡qué poético!), meditaba en la situación actual, en el mundo, en los repentinos e inesperados cambios (que Nassim N. Taleb llama “black swans”) y… por supuesto: en toda la situación de confusión, planificación (a pesar de que falta cierta información), euforia, histeria, frente a algo que el mundo no había vuelto a experimentar en los últimos 103 años (una pandemia). Y pensaba en Levítico, ¡ahora sí hace sentido! “lavense, higiénense, no toquen, saca del campamento, aisla” y todas las cosas que la gente pensaba “¿y para qué caray Dios “inspira” en su Palabra ese tipo de disparates (dicen ellos)? ¿no son leyes un poco exageradas?” - y por ahí se van… ahora: ¿entienden? 

Pero… pero… sobre todo pensaba en nosotros los creyentes, los que hemos decidido ser discípulos de Cristo, ¿cómo reaccionamos a tiempos como este? 

La respuesta es: a la altura de nuestro llamado. Son tiempos para confiar en Dios, que prueban qué tipo de confianza tenemos, que creemos que Dios nos ha dicho “quédense tranquilos, y les seguiré dando pruebas de que YO SOY el Señor.” (Salmo 46:10 PAR) ¡Y claro: no somo’ loco’!: tomemos todas las medidas que haya que tomar, pero… por favor: seamos sensatos, creo que el mundo necesita un balance, y si escuchamos a Jesús, si le ponemos atención a su Palabra, podemos ser quienes le dan un poco de calma a nuestro alrededor en medio de tiempos (indiscutiblemente) locos. Confía en Dios, no cooperes con la euforia, eres una persona de fe: no quiero verte histérico por ahí como que el mundo se va a acabar (que se va a acabar, de eso estamos seguros) y como que no hay esperanza (¡qué sí, qué la hay! Romanos 5:4-5, hasta nos dice que en nuestra esperanza “no seremos desilusionados”)…

Entonces: cristiano, recupera la cordura, mira a quién has creído, lávate las manitos, toma todas las precauciones, pero tú no eres loco para euforizarte, crees en Cristo, ¿o no?
Bye.
¡Ah! Dios te bendiga…
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
Bajo Licencia Creative Commons

miércoles, febrero 27, 2019

Job (Parte 1)


"Había un hombre en tierra de Uz; Job era su nombre. 
Un tipo irreprochable y recto, que reverenciaba profundamente 
a Dios, y no le llamaba la atención la maldad."
Job 1:1*


El libro de Job empieza describiendo con qué clase de persona nos vamos a encontrar, y es interesante porque anticipa las características internas (o morales) de este hombre antes que el fabuloso listado de riquezas que tenía. La gente sabe poco de Job, bueno... sabe que pasó trabajo (y que llamarlo trabajo es poco), que fue culpa del diablo (¿sí?), y que tenía tres amigos que uno no sabe si llamarlos... amigos. La mayoría de sermones que he escuchado sobre el personaje, que obviamente están basados en el libro, son más bien una lección panorámica y resumida de los más de cuarenta capítulos que tiene el libro, y no se sumergen profundamente en la historia, en la psicología del personaje, sus amigos, y en el discurso... ¡el discurso! ¡Wow! ¿Te has detenido, le has prestado atención a las conversaciones entre Job y sus amigos, poniendo a un lado lo que ya sabes? ¡Es fascinante!

La primera sorpresa que me encontré al leer a Job siendo un adolescente de 14 años (o 15... algo así), es que ¡Job estaba muy frustrado y no entendía nada! Leí el libro porque alguien me dijo: "Préstale atención a Job, pasó cosas que ningún ser humano resistiría y aún así mantuvo la postura..." ¡Já! "Mantuvo la postura...", pero eso era un cliché, me encontré con una persona que actuaría de forma tan real como cualquiera de nosotros actuaría, que hizo un montón de preguntas (en muchas ocasiones bien enojado), una persona real que necesitaba a Dios y respuestas de Dios.

En ese tiempo no había vivido cosas que ahora he experimentado: la muerte de cercanos, la pérdida de los hijos de amigos, la trágica pérdida de un gran amigo, el ver personas pasar de muy ricos a excesivamente pobres... suma a eso: catástrofes, pobreza, el asalto de la duda, la sorpresa de lo malo y malvado, y lamento terminar con un: etcétera. Así que, ahora quisiera abordar a Job con mayor perspectiva, y esto es un ejercicio personal que quiero hacer público aquí en el blog. Iré traduciendo partes del libro y al mismo tiempo comentando lo que veo (que se complementaría con lo que puedes ver) hasta llegar al último versículo, veamos cómo va.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
Bajo Licencia Creative Commons
*Las traducciones del texto bíblico usadas 
en este post han sido realizadas por mi.