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viernes, diciembre 07, 2012

10- Nostalgia Futura


Hace ya muchos años, revisando entre documentos y cosas de la familia, encontré una foto. Era un grupo de muchachas, estudiantes de segundo de bachillerato del Colegio Inmaculada Concepción en La Vega. Cálculo que era el año 1946 y entre ellas estaba mi abuela. Sonreían, como diciéndoles al futuro: "¡Aquí vamos! Espero que puedas con nosotros."

Al ver la foto me innundó una profunda tristeza, la nostalgia me arropó de pies a cabeza. Pensé en esas muchachas, jóvenes, llenas de sueños, ¿dónde estarán? ¿habrán podido con el futuro? ¿Y yo? ¿Podré? Pensé en mi, en los que estudiábamos juntos y nunca más nos hemos visto. También en ellas y en las promesas de nunca separarse, junto al nunca se han visto jamás. Fue como si, al tomar esa foto en mi mano, de cinco o seis muchachas sonriendo en un rincón de República Dominicana en los años 40s, mi futuro y el que ellas ya vivieron, se interceptaran en algún punto y se preguntaron: "¿Tendrás victoria?"

¿Por qué nuestra nostalgia por el futuro? Es natural tener nostalgia sobre el pasado, ¿pero sobre lo que no ha... pasado? ¡Eso está muy loco! Pero sin darnos cuenta nos sentimos triste por lo que pasó que no es y por lo que no sabemos que pasará, que todavía no es. De todas formas, la nostalgia siempre será una trampa. Un sentimiento adictivo si dejas que tome más tiempo del que debería, y un catalizador de malas decisiones en caso de que confíes mucho en lo que sientes pasará.

Guardé la foto, y con ella se guardó la nostalgia. Algún día alguien verá una foto mía y de algunos amigos, y quizás le pase lo mismo, o no.

Gracias a Frank Sinatra que sirvió de soundtrack para este post con su canción "I´ll Be Seeing You"
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
Bajo Licencia Creative Commons

Foto Cortesía de Thomas Hawk

Usado Con Permiso Bajo Licencia Creative Commons 

lunes, septiembre 06, 2010

144- EXTASIADOS


En la sala de mi casa tenemos un ventanal grande de ventanas que nunca abrimos. Sobre ellas unas cortinas sencillas: rayas, cremas y azules; nada fuera de lo común. Benjamín, Benjamín a veces está incómodo, no se conforma con estar sentado o acostado, así que quiere caminar, y como no camina, camina sobre papá, más bien yo camino mientras él observa. Y si no puedo salir, caminamos (él sobre mi) alrededor de la sala donde está el ventanal que nunca abrimos con las cortinas de rayas, azules y crema. Cada vez que nos paramos frente a las cortinas, se queda ¡extasiado! Como si las mirase por primera vez. Día tras día, desde que puede enfocar y ver bien. Las mira, las explora, las contempla, luego mira al suelo, medita, piensa y vuelve: las mira, las explora, las contempla. Si fuese por él (y si mis pies pudiesen aguantar) duraríamos horas frente a las cortinas. ¿Por qué? Son simples cortinas de rayas, azules y cremas, de ventanas (más bien puertas) que nunca abrimos, por donde nadie sale ni entra. Pero sí: las mira, las explora, las contempla, como si fuese la primera vez, como si fuesen nuevas.

Ayer me preguntaba: ¿qué pasaría si cada día mirásemos a Dios así? Como si nunca lo terminásemos de entender, como si no nos cerrara totalmente, como un misterio que solo podemos decifrar en parte (y estamos contentos con eso), y nos parásemos frente a El diariamente, como si fuera la priemra vez: mirarlo, explorarlo, contemplarlo, una y otra vez, y que nos quedásemos ahí, si se pudiera, si nuestros pies lo permitieran. Pero no es lo que queremos de Dios, ¿verdad? Queremos entenderlo, decifrarlo; no que eso sea malo, ¡buenísimo! pero cuando lo deciframos como que se pierde... el misterio, lo hermoso. Porque ya figuramos cómo es Dios (¡qué arrogancia!).

Es lo que los científicos no quieren admitir del universo, ¡no lo entienden! Están siempre asombrados de que no lo han decifrado, cada cierta cantidad de años (o meses) tienen que contradecir sus propias teorías, pero nos quieren hacer entender que lo entienden y que en ese entendimiento ya probaron también que no existe Dios. Como la cuestión con Stephen Hawkins (que ya lleva varios años pensando así) pero había que buscar una buena forma de mercadear el libro para que sea un bestseller desde que salga. Si el señor Hawkins es sincero, tiene que admitir que: hemos avanzado (porque hemos avanzado en nuestro entendimiento de el universo) pero que nos falta muchísimo que aprender, por ende: no podemos concluir nada, ni sobre el universo ni sobre la participación de Dios en eso, por lo menos no desde la mera observación.

Pero bueno, dejo a los científicos a un lado, a los que van a comprar el libro de otro, y busco la forma de ver a Dios, cada día, como Benjamín ve esa cortina. By the way, creo que ya es tiempo de comprar otra....