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jueves, marzo 21, 2013

Ilusiones

Ok. Ya sabes a dónde vas, dónde estás y de dónde partiras, el camino parece claro.
Dejemos eso ahí ahora y hablemos del equipaje:
Una de las cosas más dolorosas es deshacernos de cuestiones innecesarias para el camino que debemos recorrer en Dios. De hecho, la gente ya no piensa mucho en eso, y muchas iglesias se han dedicado a buscar formas de simplificar la vida como creyentes. ¿Habrá mucho por donde... simplificar? Lo dudo. Primera ilusión.

¡Ah! Ilusiones. Una de las cosas que Dios hace, al permitir que pasemos por ciertas pruebas y situaciones dolorosas, es ayudarnos a deshacernos de nuestras ilusiones. Sí, esas falsas metas o esas grandiosas y buenas metas que te has planteado pero con unas motivaciones fantasmagóricas o hasta malignas. ¿Por qué ir por el camino con la imaginación infectada de cosas que no pueden ser? ¿Por qué ir por el camino con el corazón emocionado por conquistar buenas metas, pero infectado de motivaciones falsas y perversas? Algunas de esas motivaciones tienen que ver con nuestros delirios de grandeza, con el deseo de ser vistos, apreciados, admirados, o con el deseo de hacernos la vida más fácil siendo la persona a la que, por ser taaaaan conocida, se le abren algunas puertas.

Y te pregunto: ¿Una persona con estas motivaciones... le cree a Dios? ¿O... cree en sí mismo?
La próxima vez que pases por un momento difícil en tu camino a hacer el bien y servirle a Dios pregunta: ¿qué motivaciones no debo llevar en este camino? ¿cuáles ilusiones interfieren con la visión de Dios para su Reino? Viste: no para mi  sino para su Reino. "Dios tiene un gran propósito conmigo... etc...", que es chulo, aperísimo que Dios tenga un gran propósito contigo, pero a veces es el primer indicio del morbido yo porque no nos damos cuenta que tiene que ver con otros.

Vamos a darle una buena enterrada al viejo hombre y a la vieja mujer, junto con esas ilusiones y motivaciones. Entonces y solo entonces: sigamos caminando.
Hasta luego.
Si Dios lo permite.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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Foto Cortesía de Thomas Hawk

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lunes, julio 02, 2012

Déjà Vu 02

Este es el segundo escrito ya escrito sobre el dolor, el desastre:
"Cada vez que alguien nos dice: "Tranquilo... Dios está en control." es casi el preaviso de que la cosa se va a poner peor. Como cuando la tía tiene cáncer y el doctor dice que le queda una semana de vida o cuando tu hijo de cinco años está en el quirófano, a punto de perder un ojo por jugar con fuegos artificiales; siempre aparece uno que no encuentra que decir y suelta el: "No te preocupes, Dios está en control." O sea, rara vez ponemos nuestra fe en El y ahora menos, por eso: "imagínate, ya hicimos lo que pudimos démosle el 'control' a Dios (ahora)."

Primeramente: ¿qué es el control? ¿qué El está a cargo de lo peor? Si te soy sincero, de tan solo pensar que debo entregarle el control a Dios, me da tortículis (como la que tengo ahora que inspiro este post): porque YO quiero estar EN CONTROL. Es como esos programas donde la niñera viene a ponerle el tornillo que le falta a tu hijo o de la gente que viene a arreglar el desorden en tu casa (con diseñador y todo) y a ponerla como nueva. Sabes que si estás tranquilo y dejas que la niñera se haga cargo, tu niño parará con su tarea de matar a todos los gatos del barrio (ya ha matado tres perros pero no se lo dices a nadie), y que si dejas a la gente organizar, y deshacerse de unas cuantas chucherías que no tienes el dominio propio de botar, tu casa va a estar linda. Pero la desesperación que viene al no tener el timón es más fuerte que la esperanza de que todo mejorará. Por eso "Dios está en control" es la frase terminal y no... la del principio.

Pero si te soy honesto, también, con todo el dolor que trae saber que no depende de ti, que ya no se te necesita, que no hay puntos o millas ganadas por lo que hagas, que no eres imprescindible y que eres un simple ordinario; la verdadera libertad viene cuando le damos el timón y la llave a Dios (usualmente después de tres o cuatro o 1000 accidentes). Por eso "Dios está en control" debe ser la frase del principio y no... la terminal."
 
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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sábado, junio 30, 2012

Lo Inevitable

Pasé rapidamente a escribir algo porque a este punto algunos están pensando cualquier cosa de mi, "el que escribe sobre el dolor". Porque el tema no es nuevo y porque a través de los siglos los hombres se han inclinado a una de tres posiciones:
- evitarlo
- aceptarlo
- ignorarlo

La filosofía se ha encargado de darle un tono predominante al dolor en tendencias estoicas y ascetas, no soy ni una cosa ni la otra. Y para confundirte un poco más, creo que hay momentos en que puedes evitar el dolor, hay otros en los que debes aceptarlo (es de lo que estoy escribiendo), pero ignorarlo sería un peligro. Esto es precisamente lo que hacemos: ignorarlo, pasarlo por alto, inyectarle morfina a nuestras almas y luego: lo inevitable.

Ahora, ¿es todo dolor parte del camino?
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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jueves, junio 28, 2012

Déjà vu 01

Antes de seguir:

Esta no es la primera vez que escribo del dolor, es un tema recurrente que surge cada cierto tiempo en mis posts, pero de forma superficial y resumida. ¿Qué significa eso? ¿Significa que debo lidiar con él hasta que por lo menos llegue a conclusiones más profundas? ¡Quizás! Nadie sabe... ¿qué opinas?

Mientras tanto, un poco de déjà vu, veamos algunos de esos posts. Empecemos con esta recopilación que se llama "Dificultad":

Nos encantan las frases que hacen ver más "románticas" las dificultades, pequeños versos o poemas o extractos de algún escrito, que nos hagan ver que, cuando estemos en tiempos difíciles, vamos a sacar algo de ellos. Lamentablemente, cuando las dificultades llegan esas frases nos sirven para nada, parecen latas vacías de CocaCola (lo cual es... decepcionante) y no nos aportan nada. Es irónico que el verdadero ánimo lo recibimos desde la misma dificultad cuando llega el momento, el momento en que nos rendimos y decimos: "no puedo más, ¿alguien me puede ayudar?"

Entonces, una de las primeras cosas que debemos perder en los momentos difíciles es el orgullo, algo que paradójicamente nuestras frasecitas nos motivan a mantener (no me preguntes por qué... o sí: pregúntame). ¡Y esa si es difícil! Porque crecimos creyendo que no debemos rendirnos, que esa es la última opción y que debemos ganar siempre. Así que, evitamo
s pedir ayuda hasta el último momento que es cuando lo único que nos queda es el orgullo y nos damos cuenta que nos pesa demasiado para mantenerlo.

Tocar fondo, llegar hasta las profundidades del abismo donde nos golpeamos la cabeza o las nalgas (y déjame decirte que las dos cosas duelen mucho), perder el poco de dignidad que nos queda entonces resulta bien. Pero si resulta bien, ¿por qué lo queremos evitar? ¿no sería la constante perdida de nuestra "querida dignidad" lo que nos hace realmente dignos de recibir la ayuda de La Mano? Ciertamente, no somos dignos de la ayuda de la mano de Dios, es lo que la Biblia me dice. A pesar de que, sin ser dignos, Su Mano siempre está ahí, somos demasiado orgullosos (nos sentimos "la gran vaina" como decimos aquí) como para extender la nuestra y recibirla. Entonces, la dificultad, el dolor, nos hace: rendirnos.

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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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miércoles, junio 27, 2012

Erase Una Vez...


"Rompe mi cántaro, rompe mi copa, rompe mi vida y hazla de nuevo..." decía un corito que cantábamos llamado "El Alfarero". Uno llega a cantarlo tanto que se convierte más en un hit que un recordatorio-oración. Para el tiempo en que lo aprendemos está totalmente desconectado de la verdadera intención de sus palabras. Pero, ¿qué te digo? Es así con casi todo lo que cantamos.

Analizando nuestra tradición de adoración y cánticos, hace algunos años era muy natural cantar sobre ser consumidos, quemados, rotos, para que se saque algo de nosotros. Aunque lo cantábamos (algunos) sin que esto llegará a nuestros tuétanos, creo que quienes escribieron estas canciones lo hicieron con la firme convicción de que había algún tipo de dolor, alguna desconexión que traía tristeza y cierta destrucción necesaria para hacer algo con lo que quedase de nosotros.

¿Qué pasó? Resultó que quienes no entendían estos coritos lo encontraban muy depresivos y, ya que muchos cristianos no podían ni reir, se fueron por caminos más "emocionantes", canciones de victorias épicas e ilusorias que llenaban nuestra imaginación de cosas que podrían pasar sin un entrenamiento en el dolor. Lo demás es historia. Le hemos quitado al canto y a la oración un elemento real en la vida humana: el dolor, la queja, el llanto. Tratamos de esconder un elemento clave en la vida cristiana: el dolor, el sufrimiento, la desconstrucción de uno con el fin de ser el uno que Dios quiere que uno sea, las experiencias y el crecimiento de fe a través de la catástrofe, ser luz en el puro centro de la oscuridad. Como nuestras teorías son de pura inspiración somos descubiertos como una farsa porque después de todo ¡la gente experimenta dolor! ¿tú no? ¡Jejejeje! Chequea esto (lo dije pero lo repito): cuando alguien dice "esto es falso, estoy depresivo, ansioso, no puedo dormir ¿no me dijeron que iba a estar tranquilo?", le decimos: "no entendiste bien el mensaje." ¿Si? Aunque no todo dolor es camino, pero eso en el tema que viene, me pregunto quién es que realmente no ha entendido bien el asunto.

¡Hey! No anhelo el dolor, no se lo deseo a nadie, ni me lo deseo a mi. Mientras escribo esto me surge el síndrome de abstinencia por el sistema antiguo y siento un poco de temor de que algún dolor pueda acercarse a mi o a los míos. Pero quiero que estemos claro de en qué pie estamos parados, y que como discipulos a los que se le ha entregado alguna luz también se les ha entregado la capacidad de entrar a la oscuridad, y eso es un arte que debemos aprender o moriremos. El sufrimiento es alentado, no negado, no quitado, y como discipulos de Cristo debemos saber esto.

Ahora: ¿es todo dolor... camino?
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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jueves, junio 21, 2012

Aceptar El Camino



"Si quieres una religión que te haga sentir bien... no te recomiendo el cristianismo."
C.S. Lewis

La sociedad en que vivimos pretende solucionarlo todo. Digo pretende, porque no todo tiene una solución y no todo debe ser solucionado. La iglesia ha adoptado esta mentalidad de solución. "Cristo Es La Solución": es cierto, pero ¿a qué? es una buena pregunta. ¿Cómo? es otra mucho mejor.
¡Fun!
¿Has notado que la medicina ha avanzado mucho?
Bueno, quizás no, porque naciste en ese avance, durante la época en que muchas cosas (excepto el cáncer, el sida y el amor al arroz con habichuela) pueden ser curadas o por lo menos controladas para prolongar tu vida. Eso, aunque usted no lo crea, afecta la forma en que vemos todo lo demás: si no hay una solución la ciencia está en camino de eso. ¡Cool!
¿Me captan o les enredé la cabulla?
Es por eso que tendemos a pensar que de alguna forma Dios saltará algún proceso, nos sacará de este camino, desenredará el lío presionado por los avances de la raza humana.
¿Lo hará?
Depende.
¿De qué?
¡Hey! No tengo la respuesta de todo. ¡Caramba!
En algunas situaciones no. La verdad es que hay cuestiones que requieren ser enfrentadas, que nos destruyen y que necesitan que replanteemos nuestra vida, que arranquemos desde cero.
Incómodo, lo se. Pero es lo que hay, hay que aceptar que el camino es angosto y algunas partes son más angostas que otras. No se de dónde sacamos esta anchura, esta holgura de camino. El creer que el cristianismo o estar conectado con Dios nos librará de algunas de esas es una mentira. Llegar a ser cristiano para de alguna forma esperar que, como somos "favoritos" de Dios, nos libraremos del dolor y el terror de algunos momentos de esta vida solo lleva a la decepción. Una vez dije por ahí, creo que por twitter, que el Evangelio nunca es auto-ayuda y empieza con auto-destrucción. Bueno, al negarnos a destruirnos voluntariamente debe haber un proceso que rompa este cántaro.
Creo que me metí en un lío escribiendo esto, mañana salgo. Hoy me tengo que ir.
¡Cuidation!
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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miércoles, junio 20, 2012

Desastre


"¡Ah, si Dios se decidiera a destrozarme por completo,  
a descargar su mano sobre mí, y aniquilarme!
Aun así me quedaría este consuelo, esta alegría en medio 
de mi implacable dolor: ¡el no haber negado las palabras del Dios Santo!"
Job 6:9-10

¿Qué uno hace cuando en la vida lo que se le entrega es... desastre?
Esa, señoras y señores, es una pregunta que pocos cristianos pueden responder.
¿Sabes que sabemos los cristianos? Negar el desastre, despreciar a los que no salen de él, evitarlo en nuestras canciones (cosa que no pasaba en ese antiguo y sagrado "himnario" llamado Salmos), o espiritualizarlo hasta demonizarlo.
Es decir: nada.
¿Cómo puede Dios estar en el desastre? ¿Qué hace Dios en medio de una catástrofe de vida? ¿Se glorificaría Dios en alguien que "no sale de una"? Bueno... esas preguntas se responden con un: "tú deberías orar más."
¿De... verdad?
Tú sabes, solía responderlas así, hasta que yo mismo me vi en medio de tremendos desastres, algunos que no acababan. Tormentas, tifones, hurácanes y unos que otros temblores de tierra. En medio de escombros, golpeado por rápidos vientos, juzgado por muchos, entonces vi belleza contrastada con el desastre y es... más bella. Contemplé a Dios en medio de todo esto, y callé.
A diario me encuentro con gente en medio de espantosas situaciones, que son llevadas a terribles consejeros que creen profundamente que Dios puede hacerles un atajo para salir del "Valle de Sombra de Muerte". Algún alt+ctrl+777 que hará que el terrible dolor se vaya. ¡Y fíjate! En algunas ocasiones parece resultar, en otras las expectativas no se llenan.
Lo que he visto en mi propia experiencia es que uno debe aceptar que hay que caminar por en medio de "esto" y luego... entonces... es de lo que voy a escribir en los próximos días. Mi experiencia en medio de mi desastre. Ojalá te ayude.
Ojalá que cuando camines por el valle de lágrimas lo transformes en manantiales.
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Fausto Liriano • www.veldugo01.com
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